Tres años, tres, esperando este partido y salió un esperpento solapado por un tramo final de partido en el que el Unicaja mostró algo de honor y baloncesto para soñar con una remontaba imposible. No obsta para que el equipo defraudara las peores expectativas y sucumbiera tras un
partido malísimo ante el Banca Cívica (65-77). Un revolcón maquillado que, de todas maneras, obliga a la reflexión en el bando (ayer, mejor una banda durante 35 minutos) malagueño, que no estuvo a la altura del calado del evento. Apenas hubo nada que rescatar de un paupérrimo Unicaja, que fue sumiso al ritmo de partido que pretendía Joan
Plaza y que impuso de manera magistral Earl Calloway, quizá el hombre del choque, atinado en la dirección, para dividir la defensa o para acertar con el aro. El Unicaja no puede permitirse que su mejor jugador, Joel Freeland, no lance a canasta hasta el minuto 25 y que no anote en juego hasta el último cuarto. El equipo no circula el balón (sólo siete asistencias) cuando hace un mes era el mejor de la Liga en ello, se abusa del bote y no se suelta rápido la bola. El 20% de triples recuerda ese problema y que los pívots no reciben bolas, las ayudas se multiplican para conceder tiros que no se meten.
No obstante, el Unicaja se agarró mientras se despeñaba y se enganchó al partido, a falta de dos minutos se colocó a cuatro puntos (63-67) tras un parcial de 12-0.Se agarró el equipo de Mateo (10-10), pero fue la última vez que estuvo emparejado. Después, vino la caída. Un triple de Bogdanovic daba la máxima ventaja al Banca Cívica (23-35), antes de que otro de Darden aplacara algo. . De hecho, es que no tiró a canasta el inglés en el primer tiempo, aunque sólo jugó el primer cuarto porque cometió dos faltas. No anotaría hasta el minuto 26. Si tras el descanso (28-36) se esperaba a otro Unicaja, sucedió que el equipo de Mateo permaneció en la misma senda errática del primer tiempo, sin atisbos de mejoría.Y el Unicaja, sin saber muy bien cómo, se encontró en medio del partido, con alguna decisión de Plaza discutible. Pero no hubo imposible y ese parcial de 12-0 sólo hizo la herida menos grande. Pero duele, escuece. No se esperaron tres años para esto.

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